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DESAFÍO BONARDA

Desafío Bonarda
Tiempo de lectura:
6 minutos

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31/07/2011
Para poder coronar definitivamente a esta cepa entre los varietales privilegiados argentinos se la debe seguir sometiendo a muchas pruebas ya que es necesario que justifique con hechos concretos todos los deseos que ha generado y que, de una buena vez, termine con las controversias que los mismos protagonistas sostienen día a día. Fabricio Portelli, junto a Patricio Tapia, se reunió con parte de la Familia Zuccardi, referente en la materia, a degustar a ciegas varios exponentes locales para conocer cuál es la situación actual de nuestro Bonarda y hasta dónde puede llegar.

En la reciente visita de Patricio Tapia a Mendoza surgió la posibilidad de hacer una degustación muy interesante con diferentes Bonarda, sobre todo para él que cree mucho más que yo en el potencial de este cepaje tan argentino. Algunos los compró, mientras que los restantes los aportó Sebastián Zuccardi. Las catorce muestras incluían tres ejemplares de la bodega de los Zuccardi, quienes no dudaron a la hora de arriesgar el prestigio naciente de su flamante Emma, uno de los dos exponentes varietales con mayores pretensiones del país. Digo arriesgar porque la degustación a ciegas permite igualar todos los vinos para juzgarlos en un momento determinado. Es lo más parecido a sacarse una foto; un instante que refleja mucho, pero que tampoco sirve para determinar una sentencia definitiva.

Pero la idea era llegar más allá de saber cuál o cuáles se destacaban sobre el resto... Al menos así era para mí porque necesitaba que Rubén Ruffo (enólogo de la casa), los Zuccardi (padre e hijo) y Patricio Tapia justificaran los atributos de la variedad y que entre todos pudiéramos definirlos y percibirlos para poder entender de una vez por todas hasta dónde puede llegar el Bonarda.

LA PREVIA

Se sabe de las ansias que tiene José Alberto Zuccardi por consagrar al Bonarda; claro que siempre detrás del Malbec, pero nunca más lejos del segundo puesto del ranking de tintos nacionales. Con la simpatía de siempre, pero también con su firme convicción, el patriarca de la casa comenzó la sesión, bastante más política que enológica, aunque interesante, resaltando el significado de este cepaje y la importancia de poder rescatarlo y llevarlo a los primeros planos. Para los tecnicismos estaban Sebastián Zuccardi -responsable de los viñedos de la bodega- y el enólogo Rubén Ruffo. Ambos anticiparon las características varietales del Bonarda como una suerte de guía. Pero fue Tapia el único que dejó en claro su férrea confianza en esta variedad, lo cual viniendo de alguien con tanto background vínico a cuestas y que va en busca de la personalidad que hay en cada botella, en cada terruño y en cada productor, es suficiente.

El prestigioso periodista chileno y máximo referente latino del vino tiene una sensibilidad especial por esas variedades "débiles". Aflora algo de justiciero cuando le toca hablar del Frappato siciliano, de la "jurásica" Poulsard o de su amada Carignan. Estoy seguro de que parte de su admiración por esos cepajes, menospreciados por el mundo globalizado, tiene que ver con ese afán tan personal como profesional de rescatar los orígenes y las raíces no sólo de los vinos, sino también de quienes los conciben. Sin embargo, él tampoco tenía argumentos sólidos para describir consistentemente los atributos del Bonarda.

Los catadores salimos de la sala mientras se llenaban las catorce copas de cada uno, ya que al conocer las etiquetas involucradas preferimos que estuvieran entremezcladas sin un orden específico, ni de precios ni de añadas.

¿El sucesor del Malbec?

Aunque la cata fue muy interesante, nos dejó en claro que hay que seguir trabajando para lograr objetivos concretos. El camino a seguir ya está definido, pero aún estamos lejos del destino; más todavía si se quiere posicionar al Bonarda como "sucesor del Malbec" porque, a decir de estos catorce exponentes, pero también teniendo en cuenta otros degustados recientemente, la situación sigue siendo confusa.

Los atributos de los vinos varían y no tienen que ver con su origen ni con su nivel cualitativo. Algunos ostentan buena fruta fresca (Tapia la define como mora, mientras que Sebastián Zuccardi, como fruta negra). Otros, en cambio, ofrecen un carácter muy vegetal. El tema de la frescura también queda en evidencia: muchos resultan refrescantes, pero al ser un cepaje de PH alto, la acidez es baja. Y esto, más allá de opacar la fluidez del vino, puede generar esa sensación de "falta" de medio de boca que remarca el enólogo de la casa.

También quedó claro que no se lleva muy bien con la madera.
Al respecto, Rubén Ruffo aclara que al ser tan sensible al roble es muy difícil dar con la crianza adecuada. A propósito de estos temas, hace pocos días entrevisté a Alberto Antonini (otro de los que se tienen como referente en el tema), quien me explicaba que la Bonarda no tiene taninos. Además, por ser de ciclo largo en climas fríos, mayormente no llega a madurar bien. Y si no madura bien, los taninos no se polimerizan y, por ende, las texturas suelen ser más firmes que sedosas. También surgen los aromas y sabores vegetales y aflora un perfil más especiado que frutal en el vino. Asimismo, pese a que en nuestro país hay una muy buena insolación de las uvas, a veces tampoco llega a ser suficiente como para alcanzar la madurez óptima, ni siquiera en los viñedos mendocinos más altos. El asesor internacional sostiene que la clave está en lograr un rendimiento adecuado de su terruño. Es por ello que en el este mendocino puede haber fincas de alto rendimiento y con buena fruta negra, mientras que en el oeste son las especias las que dominan los caracteres, a la vez que se reducen los rendimientos para alcanzar una buena calidad.

Por mi parte, sigo buscando entender este cepaje, el cual ostenta una oportunidad comercial con un potencial tan grande como el del Malbec porque somos los únicos en el mundo que lo tenemos y encima en gran cantidad. Sólo debemos encontrarle la vuelta y su razón de ser. Sólo así el éxito no será efímero y, tal como afirma Tapia, podrá ser reconocido por su personalidad y por ser parte de nuestra cultura.

En cuanto a la degustación, el Emma 2009 de Zuccardi quedó como favorito de casi todos. En mi caso, más allá de haber sentido la voluptuosidad y la suave textura de este vino, opté por quedarme con la atractiva -y simple- fruta fresca del Santa Julia Reserva y la del Nieto Senetiner: dos ejemplares bien expresivos y fáciles de beber, características ambas que sobresalen, al menos para mí, en nuestros Bonarda.


Fuente: Vinos y Bodegas.


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