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VALLES CALCHAQUÍES: RÍOS DE VINO

Valles Calchaquíes: ríos de vino
Tiempo de lectura:
9 minutos

16/08/2011
Una recorrida por las bodegas que se ven en la ruta desde Cafayate

Los valles. Hacia lustros que no me daba una vuelta por Cafayate, para comenzar desde allí una recorrida de los Valles Calchaquíes, con el ojo puesto especialmente en las bodegas de la vuelta.

La primera sorpresa es la cantidad de carteles que se ven por las rutas y caminos, que nos recuerdan constantemente que estamos en Salta y más precisamente en su Ruta del Vino. No es que uno encuentre que la nota del lugar son las bodegas, ellas se han apropiado, en el buen sentido, de los valles, sabiendo aprovechar magistralmente el paisaje donde se encuentran enclavadas.

Mi cicerone no pudo ser mejor: Manuel Lanús, flamante Director General de Bodega Colomé y de Bodega Amalaya. Esta última, la adquisición más reciente de Donald Hess, enclavada en uno de los rincones más lindos de Cafayate.

Volvamos atrás. Claro, volvemos porque antes de llegar a Cafayate, hay que recorrer el precioso camino que nos trae de Salta. Y Lanús, un hombre con alma salteña, emparentado con varios de los apellidos patricios de una provincia donde el tiempo parece detenido, pronto mostró su conocimiento de la ruta nacional 68, y sin consultar detuvo la camioneta en el km 88.

El lugar donde hicimos la primera parada es la "Posta de las Cabras", donde Adrián Gutiérrez Castex, un ex Gerente de la empresa Massalin, cambió la producción de tabaco por una cabaña de cabras lecheras.

Corría el año '93, cuando Adrián y su esposa, Mercedes Ochoa, descubrieron el negocio de producir quesos de cabra a pedido para distintos negocios de Buenos Aires. Cuando advirtieron que producir buenos quesos era una cuestión que se conseguía con un trabajo a conciencia, les vino otra enseñanza: producir y vender no significa cobrar en tiempo y forma.

Así que en el año 2001 inauguraron la Posta, un lugar fantástico para detenerse a comer y, si le vienen las ganas, se puede quedar a pasar unos días. En el tiempo que estuvimos allí, pararon una buena cantidad de vehículos, escuchándose en las mesas de alrededor una mayoría de turistas franceses ("son el 60%" acotó Adrián).

Una pasada por el cabrito al torrontés, un picoteo a la torta de ricota de cabra, sumado a un repaso del strudel a la salteña, no me hizo eludir el pedir un quesillo con dulce de cayote y ¡ay! me topé con un exponente delicioso de queso hecho en base a la leche de cabras Saanen, la afamada raza suiza, pero sin el hilado que le es característico. Adrián pataleó y pataleó que el queso de cabra no se hila, sin darse cuenta que detras de mis pretendidos conocimientos, está el asesoramiento del ing. Pablo Battro, un quesero casi mágico, que se las sabe todas y sobre todas las leches.

Battro respondió a la distancia que el quesillo exige ser hilado, porque por el trato que se le da en los terruños salteños, llegaría a nuestros labios repletos de bacilos coliformes, para luego producir en nuestros estómagos retorcijones y ventosidades flatosas, no muy recomendables para un desempeño correcto en los salones de la sociedad salteña, ni de ninguna otra sociedad. Debate abierto.

Pero la Posta suma otra cucarda: fue el lugar que alguna vez escogiera el Gato Dumas para grabar uno de sus programas cocinando al aire libre. Seguramente al Gato lo sedujeron el entorno, la presencia de los pájaros llamados Reina Mora, y la posibilidad de alojarse en cabañas con estufa de leña, y poder darse un chapuzón en la pileta climatizada. Todo en el km.88 de la RN 68.

Amalaya. Le decía que Lanús me llevó raudo a Cafayate, experimentando en la ruta dos sensaciones. Una muy grata, el siempre deslumbrante paisaje que va pasando por nuestros ojos, que se enriquece a las horas del atardecer. Otra no tan grata, fue ver que el estado de la ruta deja bastante que desear. Sentí que la ruta no se corresponde con el desarrollo del turismo que la misma provincia promovió con gran esfuerzo. Una pena.

A unos 80 km de Cafayate está el pueblito de Alemania, que en realidad es una estación de tren, donde terminaba la vía y por lo tanto era un lugar de concentración, adonde se traía el vino en carros, para que siguiera hacia Salta en ferrocarril. También concentraban en Alemania las producciones de pimientos, ají o charqui, entre otras de la zona de los valles.

Justamente, Salvador Muñoz, último dueño de la bodega Amalaya, se dice que es el rey del pimentón y de todo tipo de verduras, que comercializa directamente en Buenos Aires. La bodega queda en uno de esos lugares donde el poeta descubre que es donde el agua en silencio dialoga con la tierra y su nombre en lengua de los antiguos pobladores, tiene un significado mágico: Esperanza por un milagro.

Salta es tierra de poetas, y Cafayate es uno de los lugares de inspiración, lugar que describió así Néstor Saavedra: ".la vida está tan cerca del cielo que no hay que mirar p'arriba". Fue lo que exactamente sentí al asomarme a uno de los tres viñedos que forman parte de la bodega. Todo se ve de arriba, con un cerro casi tocándome la espalda. Y el cielo, que de noche es como de plata, al alcance de la mano.

Pronto se presentó la oportunidad de probar el Amalaya Blanco, un vino con alto porcentaje de cepas torrontés y un corte hecho con riesling. Interesante sorpresa, porque el riesling no es una cepa fácil de cultivar, por lo tanto, difícil de encontrar. Francisco Paco Puga, advirtió que el balance del cítrico presente en el torrontés con el riesling iba a producir una sensación sumamente agradable en el paladar. Por algo fue uno de los vinos que eligió Juan Munro para una de sus comidas en The Fork Club. A Juan no le gusta perder, así que con este vino jugó sobre seguro, y acertó.

Paseo tranquilo. Manuel tenía una mañana de reuniones laborales, así que me calcé el sombrero, y bajé al pueblo. Tres kilómetros de camino polvoriento me separaban de la primera vereda. Ese sol brillante omnipresente, cielo sin una nube, el aire fresco que obliga a abrigarse por la mañana, y la bajada con el único ruido de la suela de los zapatos pisando el ripio. La aridez típica de los valles, es aquí cortada por la presencia constante de los molles, esos árboles que en el sur llamamos aguaribay.

Al aguaribay, muy presente en nuestro litoral y en el del Uruguay, donde lo suelen llamar agüita, sirvió para otro debate. Los expertos salteños dicen que los que se ven en su provincia, son americanos y llegaron desde el Perú. Y que los que se ven por el litoral, y hasta en la Recoleta frente al restaurante Lola, provienen de España. Confieso verlos iguales, con las mismas virtudes, entre las que se incluye el de producir un fruto que se da en llamar "pimienta rosa". Debate abierto.

Cafayate está muy parecido a cuando lo conocí 40 años atrás, donde en la bodega de los Michel Torino reinaba Juan Abdala Ibáñez, conocido como el barba, una suerte de hombre de Relaciones Públicas, del que nunca podré olvidar el amor y la poesía que ponía en sus descripciones de los vinos que nos hacía probar. Supe que terminó siendo el primer Secretario de Turismo que tuvo la provincia. Nadie mejor elegido.

Conclusión. ¡Siempre me pasa lo mismo! Todavía no empecé a contarle de Cafayate, y tengo que despedirme hasta la próxima nota. Es tanto lo que he visto, tomado y comido, que me reservo para seguírsela la semana que viene. Así quizás, extiendo unos días más el disfrute que experimenté, reviviendo esos momentos con los lectores. ¡Amalaya!


Miscelánea convocante. Corre el rumor de que estaría por cerrar la tradicional Confitería Richmond que funciona en la calle Florida desde 1917. Estas cosas se pueden evitar si los vecinos de Buenos Aires hacemos sentir nuestra voz y reclamamos a las autoridades para que hagan lo que haya que hacer y evitar que este verdadero tesoro arquitectónico y cultural de nuestra ciudad termine como tienda deportiva o bingo al paso. La consigna debe ser: ¡Salvemos a la Richmond!

Miscelánea celebratoria. La Bodega Luigi Bosca celebró con todo su cumpleaños 110 desde que la fundara Leoncio Arizu. Una estupenda cena, servida en una de las casonas típicas de Barrio Parque, fue un marco más que adecuado, para que todos los parientes Arizu, con la infaltable presencia del Ing. Alberto Arizu, y las presentaciones a cargo de su hijo Alberto, que se puede decir que ya desarrolla esta labor con una naturalidad y solvencia que impresiona. Me tocó estar en la mesa del Ingeniero, acompañado, entre otros, de Carlos Mantovani, Elizabeth Checa, Andrés Rosberg y Luis Lahitte. Los vinos servidos estuvieron a la altura de las circunstancias: el espumoso Bohéme Luigi Bosca, Icono Luigi Bosca 2007 y Luigi Bosca Prestige Rosé. Pensábamos que no habría más sorpresas, pero los dueños de casa tenían un as en la manga: el Finca Los Nobles/Cabernet Bouchet 1994, salido de la cava personal de la familia. No cabe duda, la familia Arizu sabe como hacer estas cosas, y siempre las hace bien. Claro que a Ignacio Viale del Carril se lo vio con el ojo atento toda la noche.


Fuente: Alejandro Maglione amaglione@lanacion.com.ar - Conexión Brando.


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