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EL CABERNET SAUVIGNON CONTRAATACA

El Cabernet Sauvignon contraataca
Tiempo de lectura:
5 minutos

05/09/2011
Es el más fino y tradicional de los cepajes plantados en nuestras tierras. Aunque estuvo opacado por el auge del Malbec, nunca dejó de insinuar sus condiciones naturales, las mismas que lo llevaron a ser el rey de las variedades tintas.

Desde su Burdeos natal, el Cabernet Sauvignon emprendió un largo viaje hacia el Nuevo Mundo hace más de 150 años. La historia quiso que desde su arribo a estas tierras sobresaliera entre el resto de las uvas provenientes de Francia. Se sabe que aquí, cuando todo comenzó, los vinos se elaboraban a imagen y semejanza de sus hacedores: los inmigrantes europeos. Por eso no es de extrañar que los primeros grandes ejemplares locales tuvieran como protagonista al Cabernet Sauvignon (en blends o solo) y siempre vinificado a la bordelesa, o al menos se intentaba emular a los franceses. Con el tiempo, este cepaje real cedió su trono al Malbec, pero no por falta de condiciones, sino por la poca atención que le dieron los hacedores. Aunque, a decir verdad, nunca perdió su prestigio y por eso sigue siendo la columna vertebral -junto con el Malbec- de los mejores tintos nacionales.

En la actualidad, con la necesidad de ir más allá de nuestro cepaje emblemático, renueva sus posibilidades como solista. El currículum le alcanza y le sobra porque, además de haber sido nuestro vino más exportado hasta no hace mucho tiempo, la variedad se ha adaptado muy bien a los diferentes terruños del país (existen viñas viejas en diversas zonas) y los enólogos aprendieron a entenderla. Eso es más que suficiente como para entusiasmarse y augurarle un gran futuro.

La evolución del estilo

Los Cabernet Sauvignon nacionales no están exentos del problema de identidad que aqueja a los vinos argentinos, con excepción de los Malbec y los Torrontés salteños. Es por ello que a la mayoría les falta ese toque de distinción que remite a su origen. Por otra parte, el Cabernet Sauvignon tuvo que cambiar de estilo sobre la marcha, dejar atrás el carácter vegetal (piracinas) y los taninos duros para apoyarse más en la fruta negra (cassis) y las especias, con taninos firmes pero dulces, y un paladar más amable acorde con lo que en la actualidad se espera de un buen exponente del Nuevo Mundo: frutado, refrescante y con intención.

No obstante, aún existen en el mercado muchos varietales a la vieja usanza, hijos de la transición, provenientes de todos los rincones vitícolas tradicionales, principalmente de Mendoza, San Juan y Salta (Cafayate). Por lo general, son estructurados y están dominados por los tonos vegetales y las frutas muy maduras -casi pasas-, y con la madera que acapara el paladar. Muchas de estas etiquetas, que fueron creadas con altas aspiraciones y basadas en recetas importadas, nunca llegaron a seducir del todo a los consumidores.

Por suerte, a fines del siglo XX aparecieron algunos visionarios que no se conformaron con lo hecho hasta entonces y siguieron apostando a competir en serio con los grandes; hoy son los mismos productores y enólogos los que lideran esta pequeña revolución que respeta las plantas añosas de viñedos tradicionales implantados sobre suelos más arcillosos y de mejor calidad, allá en la Primera Zona de Mendoza (Alto Agrelo, Las Compuertas o Barrancas, entre otros). Incluso algunos se animaron a desafiar antiguos pronósticos que aseguraban que el Cabernet Sauvignon no podría madurar en la altura mendocina: los mejores exponentes provienen de estas fincas ubicadas a más de 1.200 metros sobre el nivel del mar, como las que están en Gualtallary, La Consulta, Altamira y Vista Flores.

Y son los vinos elaborados a partir de 2010 los que marcarán el principio de este renacimiento que se sostiene por la vivacidad y la frescura de estos ejemplares jóvenes en lugar de los otros apoyados en la madurez y la evolución. Tintos más voluptuosos y jugosos, con taninos pulidos, producto de la viticultura de precisión, mediante la cual se busca la mayor expresión del vino a partir de la fruta que dan los microterruños.

Por su parte, la reciente cosecha 2011 confirma lo dicho ya que fue de gran calidad. En la actualidad, los vinos referentes del cambio aún están en tanques de acero inoxidable y en barricas de roble esperando salir al mercado en su mejor momento. Pero si la Argentina logró hacer del Malbec un verdadero world class -y eso que fue subestimado en el Médoc a pesar de su protagonismo en todos los vinos clasificados en 1855-, sin dudas es capaz de concebir Cabernet Sauvignon del más alto nivel internacional.


Fuente: Fabricio Portelli - El Conocedor.


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