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CUATRO PROPUESTAS PARA COMER AL AIRE LIBRE EN BUENOS AIRES

Cuatro propuestas para comer al aire libre en Buenos Aires
Tiempo de lectura:
9 minutos

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18/01/2012
Tan desesperados como vos por sobrevivir al verano porteño, buscamos cuatro opciones para sentarte a comer lejos de las bocinas y cerca de la naturaleza.

El verano llego hace rato y para los que permanecen en la ciudad las alternativas para no morirse de la deshidratación, o de tedio son escasas. Claro que se puede hacer una escapada a las inmediaciones, pero ¿a dónde ir un día de semana a mediodía cuando uno está atrapado en el microcentro?, ¿a dónde ir después, a disfrutar de la noche, sin peligro de achicharrarse? Es cierto que una alternativa al alcance de la mano es sentarse al fresco de la vereda en un bar con mesitas afuera, pero la mayor parte de los lugares que ofrecen ese servicio, a la larga, no son más que espacios donde se sigue transpirando la gota gorda mientras nos quedamos afónicos intentando superar con nuestra voz el sonido de las bocinas. Los espacios con verdaderos patios, jardines o terrazas, son un bien preciado, casi un tesoro. Estos oasis en la ciudad existen, no son meros espejismos.

Gioia

Gioia es el restaurante del Hotel Park Hyatt, pero no sólo no es de uso exclusivo de los huéspedes, sino que el público foráneo es más que bienvenido. Con sólo cruzar el umbral ya se tiene la sensación de estar en un lugar hermoso y lejano, muy lejano de la ciudad. El restaurante está ubicado exactamente en el corazón de la manzana, en las terrazas que dan a los jardines del Palais Duhau, una exquisita edificación estilo francés construida en 1934. Desde las mesas de la terraza se tiene la vista imponente del Palais y más allá de las fronteras del Hyatt, de las casas vecinas: la embajada de El Vaticano y una casa particular, que también prestan la sombra de sus árboles centenarios. Rodeados de plantas, torcazas y gorriones, podemos empezar a pensar en comida. La propuesta culinaria de Gioia es acorde con la ambientación, que oscila entre la elegancia de lo clásico, y la sobriedad de lo contemporáneo. La oferta creada por Franco Cansano y Fabio Brambilla, dos chefs con una extensa trayectoria, es de moderna cocina italiana. Cabe aclarar que los cocineros se conocieron trabajando en hoteles de Italia, por lo que conocen la cocina de este país desde sus costados más auténticos y refinados. Al mediodía se puede degustar una extraordinaria entrada de antipasti en self service, en la que hay todo tipo de delicatessens (búfala con tomates asados, mariscos en diversas preparaciones, salmón frío, fiambres, quesos de elaboración nacional pertenecientes a la cava del hotel y mucho más). Entre los principales se destacan las pastas, los risottos y los pescados grillados con acompañamientos varios, perfectos cómplices del clima veraniego. Los postres también se sirven en bufet, con especialidad en tiramisú y panacotas. Por la noche, se puede probar un menú de tres pasos que homenajea a una zona de Italia y va cambiando mes a mes. Bajo las estrellas, escuchando el murmullo del agua, casi un sueño con príncipes y princesas, ¿qué más se puede pedir?

Gioia, restaurante y terrazas, Posadas 1350, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfono: 5171-1330.



Museo Evita

El restaurante del Museo Evita posee uno de los más codiciados patios en la ciudad. Es un verdadero clásico. Precursor de los restaurantes en museos, enclavado en barrio norte y a tan pocas cuadras del Botánico, que tan sólo caminando por la zona uno ya se siente más fresquito. El museo está en un petit hotel erigido en la primera década del siglo XX, donde luego funcionó un hogar de tránsito de la Fundación Eva Perón. En ese mismísimo patio histórico, donde alguna vez habrá caminado la abanderada de los humildes, es donde nos vamos a sentar. Siempre hablando de su patio, podemos contar que disponen de varias clases de mesas: desde livings semitechados para grupos numerosos, con enredaderas que nos envuelven, hasta mínimas mesas de hierro y mármol ideales para una pareja acaramelada. Las dos particularidades del lugar son: es pet friendly, por lo que no es nada raro encontrarse algún canino bebiendo de una pequeña tacita, mientras su dueño toma un café. La segunda característica es que tienen especialidad en crêppes. Salen rápido y son elaborados en el mismo patio, en una garita estilo francés, delante de nuestros ojos. Por mencionar sólo algunos: la crêpe de salmón Gravlax, queso crema al limón, o el Wrap vegetariano, guacamole, lechuga, brotes de soja y zucchinis macerados, con crema de curry o en dulces, el de chocolate con almendras tostadas, o el de almíbar y cascaritas dulces de naranja.

El menú, creado por el chef Ramiro Solís, está basado en refinadas versiones de platos o bien típicos o bien predilectos por el paladar porteño.

Son recomendables los sorrentinos de queso de cabra, ricota y pera con salsa cremosa de queso, o el pastel de papas y carne con copo de merengue dulce, o la parrillada de pescados y mariscos, que tiene salmón blanco crocante, langostinos, brochette de vieiras, mejillones, rabas y salsa pico de gallo. Sobre el piso de damero, entre las enredaderas y las flores, con una deliciosa limonada en la mano, tal vez proyectando una caminata por el Botánico, el verano porteño es nuestro amigo otra vez.

Museo Evita, J.M. Gutierrez 3926, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfono: 4800-1599.



Kitayama

Sobre Virrey del Pino, a pocos metros de avenida Cabildo, nos encontramos con Kitayama, un tradicional restaurante japonés. Todo aquí responde a lo esencial de esta cultura, empezando por el nombre del lugar: Kitayama es un señor, que además de ser el dueño, es sushiman desde hace cuarenta años. Fundó el restaurante en 1979 en el barrio de Montserrat y desde ahí no paró. Se trata de uno de los mayores exponentes de esta gastronomía en nuestro país, a donde acuden tanto integrantes de la comunidad como amigos del buen comer. Cuando entramos podemos ver al Sr. Kitayama, fileteando salmón y armando niguiris con pequeños golpes de magia pura.

Lejos de las estilizadas decos niponas que se estilan en este tipo de restaurantes, Kitayama respira autenticidad por donde se lo mire. En la entrada hay un precioso jardín japonés -no podía ser de otro modo- surcado por un caminito de piedra, rodeado de plantas autóctonas y pequeñas fuentes, donde también hay mesitas. El local por dentro también respeta el estilo nipón, abunda la madera clara y los amplios ventanales. Podemos elegir comer tanto en el jardín, como en las mesas de adentro, o en el tradicional tatami, para quienes se animan a la proeza de las piernas cruzadas en el suelo.

La carta tiene más de sesenta platos. Por supuesto que lo más solicitado es el sushi y con razón: es fresquísimo y elaborado de forma perfecta y sutil. Pero, también podemos aventurarnos a otros platillos clásicos y deliciosos que para los paladares locales son toda una novedad: los diferentes preparados con Udon (fideo japonés), los pinchos de carne de cerdo con cebolla, el sukiyaki, las riquísimas guiozas, o los más conocidos tempura.

Un dato: Jorge Luis Borges (probablemente incentivado por María Kodama) fue habitué de Kitayama y se convirtió en un fanático de su Sashimi. ¿Por qué no vamos a serlo nosotros?

Kitayama, Virrey del Pino 2448, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfono: 4788-9955
Del 31 al 15 de enero permanecerá cerrado.



Quimbombó

En una zona que habitualmente es el meeting point de todas las salidas, existe un lugar donde podemos comer al fresco y frente a una vista vivificante. Se trata de Quimbombó. Un restaurante que en pleno Palermo Soho nos ofrece la posibilidad de sentarnos en dos exclusivas terrazas a ver pasar las nubes mientras tomamos un renovador trago frozen. Se trata de una casa de tres niveles con diversos climas, donde en el último piso se encuentran las terrazas. De un lado la propuesta es más intima, con una barra larga y mesas bajas con sillones y velitas.

Del otro, las mesas son más amplias y permiten grupos numerosos. Quimbombó está ubicado frente a la plaza Armenia, exactamente delante de la gran fuente circular. La vista es inmejorable.

La carta nos ofrece un abanico de posibilidades donde la tendencia general es la de la comida sana. Hay toques indios, otros latinoamericanos, otros orientales, pero siempre dentro de la alimentación provechosa para la salud y el espíritu. Dentro de las entradas está el carpaccio de zucchinis, rico y liviano como una pluma. Se puede seguir con una de las gustosas ensaladas, entre las que se destaca la de verduras asadas, o pasar directamente al plato principal. Son recomendables los capelletis de salmón y centolla, y el Thali, plato indio degustación, que trae diversos guisados (currys), arroz blanco, chutneys, pakoras, samosas, encurtido de ají picante y chapatis. Los postres son otro fuerte de la carta: refrescantes, intensos y originales. Algunos ejemplos: el contundente marquisse de chocolate y naranja, y el baklavá de manzana y nueces con helado de banana y ron.

De tarde o de noche la alternativa Quimbombó es para tener en cuenta. La bonita fuente de la plaza Armenia no se mueve de su lugar.

Quimbombó, Costa Rica 4562, Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Teléfono: 4831-5556.




Fuente: Mercedes Halfon - Conexión Brando.


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