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BLEND BLANCOS: ESTILOS, CARACTERÍSTICAS Y CINCO ETIQUETAS PARA NO DEJAR DE PROBAR

Blend blancos: estilos, características y cinco etiquetas para no dejar de probar
Tiempo de lectura:
4 minutos

29/11/2011
Marcelo Solá, miembro de la Asociación Argentina de Sommeliers, brinda una serie de pautas para comenzar a disfrutar de este estilo de vinos.

Cuando un vino blanco está elaborado con más de una variedad de uva, estamos ante una mezcla blanca o, anglicismo mediante, un "blend blanco".

Bastante menos comunes que las mezclas tintas, comparten un mismo objetivo: complementar atributos. Es decir, se busca que atributos positivos insuficientes en una variedad que compone la mezcla sean aportados por las otras variedades utilizadas.

Por ejemplo, un vino elaborado con la variedad Gewürztraminer puede ser magníficamente sabroso y aromático, pero carente de frescura por su tendencia a la baja acidez.

Una variedad como Riesling, tendiente a dar vinos de alta acidez, puede aportar la acidez faltante, haciendo que la mezcla resulte fresca.

Esto es conceptualmente muy simple, pero el arte combinar variedades para lograr mezclas satisfactorias es, justamente, todo un arte.

Las variedades deben tener perfiles aromáticos compatibles, y sus atributos deben complementarse o potenciarse adecuadamente.

Los enólogos, por su parte, deben identificar las proporciones precisas de cada componente para alcanzar el resultado final buscado.

La mezcla de variedades puede producirse en distintas etapas de la elaboración. Se puede hacer al comienzo de la vinificación, mezclando las uvas de distintas variedades para prensarlas juntas y luego fermentar la mezcla de jugos así obtenida (cofermentación).

También se puede hacer hacia la terminación del proceso, mezclando vinos listos de distintas variedades antes de la crianza final o el envasado (assemblage). Los resultados obtenidos de una u otra forma no son los mismos.

Las mezclas blancas más tradicionales se encuentran en dos zonas de Francia. En Burdeos, los vinos blancos secos y dulces suelen combinar las variedades Semillón y Sauvignon Blanc y, a veces, un tercer integrante llamado Muscadelle.

En las regiones a lo largo del valle del Ródano hasta el magnífico sudeste francés constituido por Languedoc, Roussillon y la Provenza, las mezclas blancas suelen combinar las variedades Roussanne y Marsanne, a veces la más familiar Viognier y, en ocasiones, aún más variedades poco conocidas en la Argentina.

En cuanto al mercado local, el panorama parece estar dominado por bivarietales, esto es, donde solamente dos variedades de uva conforman la mezcla. Los bivarietales suelen constituir el escalafón más bajo en calidad ofrecido por muchas bodegas y rara vez encontraremos algo interesante ahí.

Sin embargo, no quiero desalentar la experimentación. Descubrir lo que nos gusta por medio de la prueba y el error puede ser muy entretenido, aunque nos topemos en el camino con vinos que estén lejos de emocionarnos.

Mi recomendación en cuanto a vinos blancos es preferir siempre cosechas recientes. Pocos blancos sobreviven con gracia el paso del tiempo. Difícilmente encontraremos algo rescatable en cosechas de más de dos años de antigüedad que, lamentablemente, abundan en las góndolas del mercado local.

Probé cinco mezclas blancas de diferentes niveles de precio. Mis impresiones, a continuación:

Infinitus Semillon-Torrontés Patagonia 2010, $41
El Torrontés aporta su inconfundible perfil aromático floral (piense en uvas moscatel), que predomina por sobre el del Semillon. También es posiblemente el principal contribuyente de cierto amargor, que para algunos puede resultar algo excesivo.

Zuccardi Serie A Chardonnay-Viognier Mendoza 2010, $60
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Sus notas, que evocan algo similar a flores y miel, conviven en cierta armonía. Aromáticamente agradable, aunque carente de frescura.

Picada 15 Blend Patagonia 2010 (Chardonnay, Sauvignon Blanc, Pinot Noir), $38
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Incorpora un 5% de Pinot Noir, variedad tinta. Combina notas cítricas con aromas y sabores de frutas tropicales como ananá. En boca, un amargor vegetal bien dosificado (casi con seguridad, cortesía del Sauvignon Blanc) y un agujeo apenas perceptible (esto es, una leve efervescencia) realzan su frescura. Muy recomendable.

Amalaya 2011 (Torrontés-Riesling; Valle Calchaquí, Salta), $40
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Muy aromático y expresivo. Pletórico de notas que recuerdan flores y uvas moscatel, como las que esperaríamos encontrar en un Torrontés varietal o en un Riesling joven. Interesantemente, los perfiles aromáticos de dichos vinos pueden ser suficientemente parecidos como para confundirlos. En consecuencia, todo aquí convive en armonía. Más que agradable y a un precio razonable.

Luigi Bosca Gala 3 2009 (Viognier-Chardonnay-Riesling; Luján de Cuyo, Mendoza), $150
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Tiene notas de madera muy marcadas que, aunque predominan, no empalagan ni tapan la complejidad subyacente. Si le gustan los vinos blancos con madera, este es un ejemplar muy bien logrado que no lo va a defraudar.


Fuente: Marcelo Solá - iProfesional.


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