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10 VINOS BLANCOS Y ROSADOS PARA BEBER EN PRIMAVERA

10 vinos blancos y rosados para beber en primavera
Tiempo de lectura:
8 minutos

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26/11/2013
En esta nota compilo algunas de las mejores etiquetas para darse un gusto cuando asciende la temperatura. Fue publicada en Playboy noviembre y reseña buenos vinos para refrescar el paladar.

La primavera es ese lindo momento en que los días se estiran y las faldas se acortan. Y si, como decía Oscar Wilde, con una copa las cosas se ven como son y con dos se parecen mucho a como uno las desea, un buen vino en primavera puede resultar casi tan estimulante como el mejor afrodisíaco.

Claro que a la hora de las copas la primavera reclama cierta sofisticación. Tampoco es cuestión de que, por licencia de calendario, le entremos a cualquier bebida como si de verdad quisiéramos vivir en un mundo mejor. Al contrario, el truco con esta época está lejos de la cantidad y mucho más cerca de la calidad. Porque cuando las temperaturas ascienden, pocas cosas son más ricas y recomendables -mejor incluso para compartir- que un buen vino blanco o uno rosado. Está estadísticamente comprobado: mientras que los tintos son la mejor opción para el invierno, porque aportan potencia y calor, los vinos ligeros, sean blancos o rosados, son los indicados para acompañar la fiebre que anticipa al verano.

De ahí que en esta nota Playboy armamos un top ten para todos aquellos que desconfían de los vinos blancos y rosados. El bebedor de tinto encontrará en ellos una paleta nueva, mientras que el bebedor de blancos hallará algunas sorpresas. Y los abstemios -que como las brujas, que los hay, los hay- podrán revisar su decisión precisamente en una época en que ningún tipo de abstinencia está recomendada. Damas y caballeros, pasen y lean: la vida está servida en sus copas.

Goyenechea Rosé 2013 ($36). En nuestro país existe una linda movida de rosados que se despliegan en tres grandes grupos. Este pertenece al más numeroso, con vinos aromáticos, frutados y de paladar goloso. Elaborado por bodega Goyenechea al sur de San Rafael, es un rosado de Merlot indicado para todo tipo de appetizer. El dato a recordar es su paladar universal. Para acompañarlo no hace falta que copies recetas de El Gourmet. Alcanza con un buen queso fontina y un brie para tener variedad, sin descuidar el detalle de unas tostadas recién hechas.

Portillo Sauvignon Blanc 2013 ($40). No sabemos a ciencia cierta cómo lo consiguen, pero en las últimas cuatro vendimias este Sauvignon Blanc está entre los mejor del país a un precio tan accesible que impresiona. Con el sello de la variedad -es decir, aromática chillona, vegetal y con frutas tropicales- recuerda a la ruda y al maracuyá, con algún trazo de pomelo rosado. Vibrante, su frescura lo convierte en una flecha helada que cruza la boca y se clava en tu espina dorsal para que bajes la temperatura en el acto. Ideal para acompañar un guacamole con Doritos, mejor si son los nuevos sabor #Alosbifes. Creénos.

P15 Chardonnay 2013 ($42). La buena noticia es que en nuestro mercado no hace falta gastar mucha plata para tomar un buen blanco. Y la prueba está en este P15, elaborado por bodega NQN en San Patricio del Chañar, Neuquén. Siempre destacó por su aromática frutal y marcada acidez, pero ahora, con nueva imagen, además, lo convierten en el vino indicado para una picadita chic de quesos, guacamole y tostadas previa al almuerzo en una terraza a cielo abierto. Entre veraniego y primaveral, es un ejemplar que cumple con su buena relación calidad precio.

Familia Gascón Rosé 2013 ($57). Cuando la moda de los rasados comenzó su ascenso en nuestro país, las bodegas primero -y por prejuicio de color- apuntaron al público femenino y desarrollaron etiquetas floreadas y estampadas. Después sobrevino un segundo momento, en que se hicieron algo más sobrias y elegantes y apuntaron al gran público. Así es este Malbec-Sangiovese de Escorihuela. Se inscribe en el grupo de rosados de buena aromática, intensidad de color y boca seca, de forma que es perfecto para la mesa. Imaginalo con una pizza de masa crocante, buena mozzarella y unas hojas de rúcula para rematar, y se te hará agua la boca.

Aguijón de Abeja Chardonnay Semillón 2012 ($60). En el nombre de este vino nadie debiera leer alegoría alguna a la intensión de quien lo beba. Cierto es que, por su sabor y prestancia, lo más probable es que quien descorche esta botella en compañía se la termine sin mucha dilación. Y ahí es donde se revelarán las verdaderas intenciones. En cualquier caso, una cosa es segura: perfumado, en boca es amplio y de frescura moderada, por lo que resulta goloso y de paladar universal, perfecto para un bebedor de tintos con ganas de vinos primaverales.

Amalaya Rosé 2013 ($62). Lanzado en 2012 al mercado, este rosado tiene la enorme virtud de ser ligero como el agua y de tener el sabor concentrado de las frutas frescas. Todo, envuelto en un color rojo cereza que encanta. Elaborado en Salta por bodega Amalaya, es un serio candidato para amenizar el final de una linda tarde y la antesala de una mejor noche. Más si es al aire libre y sobre la mesa aparecen, por ejemplo, unas aceitunas tipo griegas, un dip de queso crema con un hilo oliva extra virgen y pizca de pimentón, además de láminas de buen jamón crudo y pan crocante.

Old Vineyard Riesling 2012 ($85). Hace unos cuarenta años el Riesling era la variedad de moda. O mejor dicho, era la variedad empleada en muchos blancos de moda en la época en que se bebían diez blancos por cada botella de tinto. Cayó en el olvido, sin embargo, y hoy sólo hay tres ejemplares en el mercado. Este es el más completo, además del más accesible. Elaborado por Humberto Canale a contar de un viejo viñedo en el Alto Valle de Río Negro, es perfumado y exótico, con un paladar de nube y frescura vibrante. El tipo de blanco que le gusta beber a cierto tipo de chica elegante y cuyos besos saben mejor con el trazo del Riesling en la boca.

Alta Vista Torrontés 2013 ($90). En nuestro país hay muchos Torrontés pedestres y unos pocos de alto vuelo. Este vino de Alta Vista pertenece al segundo grupo. Fue uno de los primeros en salir al mercado con el cambio del milenio y en apostar por un perfil entre clásico y moderno, esto es, conservando la aromática chillona de la variedad pero con una boca refrescante y sin gustos amargos. Así, la vendimia 2013 representa un up grade natural. Blanco floral y cítrico, de paladar chispeante, es perfecto para acompañar unas empanadas "chorriadoras", de esas que se comen sentado y con las piernas abiertas sobre el pasto para evitar manchar rodillas y baldosas.

Ricardo Santos Semillón 2012 ($100). Con el Semillón pasa algo. Algo que podría describirse como un despertar, al menos desde el punto de vista de la oferta, aunque sea más un capricho de sus eternos enamorados que una realidad del mercado. Porque siempre aparece un nuevo ejemplar, con voluntad de reivindicar otra de las grandes uvas blancas olvidadas, pero con el tiempo sólo se confirma que es un vino de culto. Dicho esto, nuestra recomendación es que pruebes este ejemplar seleccionado por el winemaker Ricardo Santos, que combina con sabiduría la aromática de miel típica de la variedad con una boca carnosa y de rica frescura. Un blanco muy parecido a un tinto, pero con aromas especiales, que funciona a la perfección con pastas a la crema, por ejemplo.

Andeluna Altitud Chardonnay 2012 ($150). Si el Chardonnay es la reina de las uvas blancas, los que están elaborados con uvas de altura, al menos en nuestro país, tiene doble alcurnia. Ese es el caso de Andeluna Altitud, que con viñedos en la parte alta de Valle de Uco, consigue un blanco de elevada expresión aromática -donde hay peras y manzanas- además de una boca voluminosa y de acidez tirante. Criado en barricas de roble, resulta un blanco untuoso en la justa medida, con un fondo de avellanas para el recuerdo. Ideal para acompañar un tapeo de quesos que incluya camembert, chevrottin y rebleuson. Eso sí: con esos quesos podridos sobre la mesa, es mejor tomarse el vino sólo que bien acompañado. Claro que nunca se sabe.


Fuente: Joaquín Hidalgo - Planeta Joy.


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