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VINOS QUE CUIDAN EL FUTURO

Vinos que cuidan el futuro
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9 minutos

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05/03/2012
La viticultura sustentable y el cuidado integral del medio ambiente forman parte de una corriente de pensamiento cada vez más fuerte. A través de ella se cuidan los aspectos que aseguran el desarrollo armónico de la producción vitivinícola sin riesgo para las generaciones del mañana. Gustavo Choren asegura que, lejos de conformar un mero "capricho de ricos", estos aspectos tienen una importancia fundamental para la imagen que proyectamos hacia los principales mercados del hemisferio norte.

El cuidado del medio ambiente y la sustentabilidad son temas que desde hace varias décadas vienen llamando la atención de los estudiosos de numerosas disciplinas. Biólogos, sociólogos, antropólogos, geógrafos, arquitectos y urbanistas, entre otros, han intentado definir cada vez con mayor precisión su significado. La historia de esta filosofía, de este modo de ver el mundo, se inició en 1972, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente celebrada en Estocolmo. Allí, 103 estados y más de 400 organizaciones gubernamentales lograron generar la convicción de que se estaba atravesando por una crisis ambiental de carácter planetario.

Más tarde, en 1987, la Comisión de Medio Ambiente de la ONU emitió un documento que advertía a la humanidad que debía modificar sus modalidades de vida, producción e interacción comercial. En ese documento (llamado Informe Brundtland por la doctora que encabezó la investigación) se definió el desarrollo sustentable como "aquel que satisface las necesidades actuales sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades". Más tarde se incorporaron al concepto otras nociones que redondean una definición más integral, como la calidad de vida del ser humano.

Por supuesto, la viticultura no es ajena a esta problemática. Muchas empresas del mundo están seriamente comprometidas en la cuestión, adaptando y mejorando sus procesos productivos de campo a los preceptos en cuestión. Afortunadamente, en comparación con otras producciones, el cultivo de la vid tiene muchas ventajas en tal sentido. No degrada en demasía los suelos, no produce impactos ambientales severos y se integra muy bien al paisaje que lo rodea (de hecho, en la mayoría de los casos, lo embellece). De todos modos, la responsabilidad por el futuro de los humanos es una cuestión para tomar muy en serio por lo que el trabajo en la materia ya está en marcha. Amén de ello, el cuidado del marco ecológico es un tema crucial a la hora de construir y mantener una buena imagen país.

Muchas naciones del Primer Mundo, que se cuentan entre los principales importadores vinícolas globales, están muy atentas a los cuidados prodigados por sus proveedores en ese sentido. En nuestro país se percibe una suerte de "ambivalencia" en materia de sustentabilidad. Por un lado, existe una realidad bastante lamentable en términos prácticos, sobre todo en algunas regiones cercanas a las grandes ciudades vitivinícolas, con Mendoza a la cabeza. Basurales casi limítrofes con las fincas, envases plásticos de todo tipo que navegan libremente por ríos, canales y acequias y una polución que se siente en el aire son algunos de los indicios al respecto, ayudados sin duda por la falta de políticas oficiales.

Por otra parte, el público argentino no tiene aún una conciencia formada sobre la cuestión y poco es lo que requiere al sector en materia de acciones ambientales. Sin embargo, muy diferente es la imagen que se proyecta hacia los informados y exigentes mercados externos. Un rápido repaso por las distintas páginas web de las bodegas argentinas permite inferir que casi no existe establecimiento nacional que no cuide muy puntillosamente este aspecto informando (de manera concreta o simplemente declarativa) todo lo que hace para cuidar la ecología y realizar una producción sustentable de uvas y vinos.

Para José Alberto Zuccardi, un pionero y referente en lo que hace a los viñedos orgánicos y manejos responsables de la viticultura, las cosas tienen un nombre muy concreto. Según él, "hay una gran conciencia en el exterior sobre el tema ambiental y hay mercados que exigen algunas normas al respecto, además de la cuestión de imagen". Y continúa: "Además de nuestras 200 hectáreas orgánicas certificadas, tenemos un programa de agricultura sustentable en lo ambiental y en lo social". Y aquí aparece una nueva faceta del asunto: ¿qué es la sustentabilidad "social"? Muy sencillo: mejorar la educación y propiciar las mejores condiciones de trabajo para su personal. "Desde hace muchos años contamos con un programa de alfabetización que se lleva a cabo durante o después del trabajo", dice Zuccardi, y agrega: "Creemos que la calidad del vino está íntimamente ligada a la calidad de quien lo hace". De esa manera, personas más educadas y mejor informadas desarrollan su labor con mayor eficiencia y responsabilidad. Sin dudas, todo un avance en estas latitudes, donde todavía subsisten algunas prácticas laborales del siglo XIX.

El beneficio de las buenas prácticas, simples y concretas

Hoy, la noción de Viticultura Sustentable (o sostenible) es definida como la integración equilibrada de los requerimientos de calidad, la protección del medio ambiente y los beneficios económicos de las empresas. Para el logro de esa meta, nuevos descubrimientos sobre ecofisiología de la vid han permitido avanzar en múltiples campos. Algunos de ellos son la biodegradabilidad de los plaguicidas, el uso de fertilizantes naturales, la "gestión de suelos", la creación de nuevos sistemas de cultivo, el estudio de la potencialidad de los cepajes autóctonos, las combinaciones en la conducción de la viña (poda mínima, lira, espaldero modulado) y la diversificación de productos, como los mostos especiales y los vinos de baja graduación alcohólica.

Para ser más específicos, éstos son algunos de los trabajos que mejoran la calidad del ambiente y producen una buena imagen para empresas y países:

  • Uso racional de agroquímicos: manejo integrado de control de plagas, en el que el uso de plaguicidas de origen químico se combina con otro tipo de técnicas más inocuas para bajar las poblaciones de plagas problemáticas. Por otra parte, los fungicidas utilizados son aquellos permitidos por la legislación vigente (sales de cobre, azufre, etcétera). Como medida general, cualquier producto químico utilizado debe estar muy bien justificado y su aplicación reducida a las dosis adecuadas.

  • Menor erosión de suelos: muchos de los suelos de las regiones del vino argentino son arenosos y sueltos, lo que aumenta el riesgo de erosión por acción de los vientos. Para prevenir este serio problema se mantiene la cobertura natural del piso trabajando con desmalezadoras y nunca con implementos que signifiquen movimientos de tierra.

  • Uso racional del agua de riego: el riego por goteo contribuye a que el agua utilizada se aproveche de manera más eficiente. La lámina de agua aplicada se determina en parte con la ayuda de algunos instrumentos como las llamadas "estaciones meteorológicas" (que pueden estimar la evaporación potencial) y las cámaras de presión, que proveen una idea del estado hídrico de la planta.

  • Reducción de amenazas para la salud humana: es una buena práctica el lavado de los envases vacíos de productos químicos y la posterior destrucción bajo condiciones controladas para evitar el uso por parte de personas que desconocen su procedencia.

  • Conservación de ecosistemas: muchas veces, no todas las extensiones de las fincas están cultivadas. Por el contrario, se conservan áreas de monte autóctono donde se mantiene una alta biodiversidad de flora y fauna.

  • Reutilización de desechos orgánicos: está bastante extendido el uso de abonos orgánicos provenientes de los viñedos (madera de poda) y las bodegas (orujos y escobajos).

  • Mejoras en las condiciones de trabajo: desarrollo pleno de todos los medios disponibles para garantizar la seguridad e higiene de las áreas de trabajo asegurando al personal un ámbito seguro y saludable.

  • Ciertas ideas son tan novedosas y prometedoras que permiten anunciar una verdadera revolución para los próximos años. Así, una actividad tan antigua y noble como la vitivinicultura seguirá encausada dentro de los parámetros que aseguran la supervivencia de la diversidad, de la complejidad y del funcionamiento de los sistemas ecológicos que soportan la vida. Hoy esto puede parecer casi una quijotada, pero se vuelve más importante con cada año que pasa. Si la Argentina quiere mantener la evolución positiva de su producción y sus exportaciones, deberá estar muy atenta a los nuevos métodos y sistemas que aseguran la sustentabilidad. De esa manera, al menos, lo exigen nuestros principales clientes de los cinco continentes.

    Los "otros" objetivos del desarrollo sustentable

    Como hemos visto, las buenas prácticas alcanzan también a las personas que trabajan en la industria. Además de la evidente preocupación por la ecología, el agua, el aire y el suelo, la sustentabilidad persigue otros fines relacionados con el mejoramiento integral de la vida de las personas. Fundamentalmente, esos objetivos son los siguientes:

  • Vivir una vida sana, segura y productiva en armonía con la naturaleza.
  • Elevar los valores espirituales y culturales de individuos y sociedades.
  • Buscar caminos que lleven a la igualdad y hermandad entre pueblos y naciones.
  • Encontrar alternativas que permitan distribuir la riqueza en la forma de acceso a recursos y oportunidades.
  • Evitar por todos los medios el sufrimiento humano y la degradación del medio ambiente.



  • Fuente: Gustavo Choren - El Conocedor.


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