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EL SELLO DE PULENTA ESTATE: VINOS DE ALTA GAMA, ENTRE LA TRADICIÓN Y LA MODERNIDAD

El sello de Pulenta Estate: vinos de alta gama, entre la tradición y la modernidad
Tiempo de lectura:
6 minutos

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19/03/2012
En la industria del vino nacional claramente se pueden distinguir dos perfiles bien diferenciados de bodegas: por un lado, están aquellas que basan su imagen en una rica historia con una impronta marcada a fuego por la tradición.

Como contrapartida, también están las que, sin un pasado frondoso, se postulan como la nueva generación de empresas que, habiendo iniciado su camino a lo largo de la última década, muestran el costado más joven y fresco del negocio.

Sin embargo, en medio de esos dos extremos hay algunas pocas bodegas que amalgaman "ingredientes" de ambos perfiles: son aquellas que están imponiendo en el mercado una marca relativamente nueva pero este proceso lo llevan adelante sustentado en una rica historia familiar, fuertemente arraigada al trabajo de la tierra.

Tal es el caso de Pulenta Estate, una bodega que actualmente está cumpliendo su décima cosecha pero que, por detrás, tiene un prolífico background de inmigrantes pioneros que llegaron a la Argentina hace 110 años.

"Con toda la experiencia que nos dio la tradición familiar, decidimos crear una pequeña bodega para hacer únicamente vinos de alta gama", sintetiza la filosofía de la empresa Eduardo Pulenta, presidente de Pulenta Estate, en diálogo con Vinos & Bodegas.

La rica historia comenzó a escribirse allá por 1902, cuando sus abuelos llegaron desde Italia en busca de "la América". El destino los llevó a San Juan y Mendoza y los vinculó de manera definitiva con el difícil arte de trabajar la tierra.

Así, con el paso de las décadas, Pulenta se convirtió en un apellido clave para comprender parte de la evolución de la industria vitivinícola en la Argentina, que incluyó la gestión de una de las compañías más gravitantes del sector: el grupo Peñaflor, vínculo que concluyó hacia fines de la década del noventa, cuando la familia decidió vender la mayoría accionaria.

A partir de ese momento, comenzó a escribirse el camino de Pulenta Estate que, fiel a su historia, se siguió apoyando en los vínculos familiares: "Basados en la rica experiencia que teníamos por detrás, al haber estado siempre dedicados a la industria del vino, con mi hermano Hugo decidimos aprovechar los conocimientos de mi hijo Eduardo, que hizo una interesante tesis universitaria, que nos guió para saber el camino que debíamos seguir para levantar una bodega", relata Eduardo, tercera generación de enólogos.

El presidente de Pulenta Estate recalca además que "el trabajo que hizo mi hijo nos mostró que teníamos que esperar diez años para encontrar la solidez y estabilidad del proyecto. La realidad es que lo veíamos tan lejano en ese entonces y ahora mismo estamos cumpliendo la décima cosecha...".

En este contexto, el empresario resalta el hecho de que "en todos estos años nunca dejamos de crecer y esto lo logramos bajo la premisa de que todos los productos deben tener una calidad personalizada".


La materia prima, pilar clave

Para alumbrar grandes vinos, Eduardo considera fundamental conocer la tierra, tener el manejo completo de los viñedos y garantizar la calidad de la materia prima, de punta a punta.

En este sentido, Pulenta Estate actualmente cuenta con unas 130 hectáreas en Agrelo, Luján de Cuyo; y explotan el 50% de una finca de 400 hectáreas en el Valle de Uco. Allí, hay una "joyita" de la cual este enólogo se siente orgulloso: "Tenemos un paño de 130 hectáreas plantado con Malbec. Podría decir que no existe otra finca de esas características en todo Mendoza".

Además de la variedad insignia de la Argentina, la bodega también cultiva uvas Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Merlot, Tannat, Cabernet Franc, Sauvignon Blanc, Pinot Noir, Pinot Gris y Chardonnay.

En definitiva, para Eduardo fue a partir del control de la materia prima que se pudo consolidar una marca exitosa en menos de diez años: "La base vitícola propia, en muy buenas zonas productivas, fue importantísima para desarrollar la bodega. A eso, obviamente hay que sumarle luego la experiencia".

Este último punto también es crucial para entender la evolución de Pulenta Estate, dado que "en esta industria hay gente confundida. Cualquiera entra con facilidad, pero llevar adelante un negocio de este tipo no es simple. La viña hay que vivirla todo el día, hay que estar en contacto con las uvas, trabajar la tierra... nunca nos quedamos quietos".


El resultado: grandes vinos

En la actualidad, la bodega cuenta con tres líneas de vinos:

La Flor: de perfil joven

Pulenta Estate: conformada por varietales

Pulenta: el segmento destinado a los vinos tope de gama

Uno de los sellos distintivos del portfolio de esta bodega, tal como viene comprobándolo Vinos & Bodegas en distintas degustaciones, es el perfil sumamente elegante que poseen.

Son vinos con buena concentración, con carácter. Vinos que integran bien la madera pero, sobre todo, respetando la tipicidad de cada variedad en función del terruño. Con taninos presentes pero trabajados al máximo.

Recordando los conceptos aprendidos en su carrera de enología, Eduardo tiene como máxima que "el vino tiene que ser aterciopelado. Eso se traduce en placer y lleva a que uno se sirva una segunda o tercer copa".

En este contexto, el bodeguero recalca un dato clave: "Nunca perseguimos el primer premio con esos vinos gruesos, de medalla, pero sí siempre trabajamos pensando que tenían que estar todos por arriba de los 90 puntos. Para ello somos muy cuidadosos tanto en la bodega como en la viña".

A la hora de hablar de sus propios vinos, Eduardo relata que "si hay una etiqueta que nos ha dado tremendas satisfacciones es el Gran Corte. Fuimos la primera bodega que salió con ese adjetivo. Y realmente refleja el esfuerzo que hacemos en la bodega para dar a luz un corte con lo mejor que tenemos".


Presente y futuro

En la actualidad, la bodega exporta el 60% de su producción y está presente en 23 mercados diferentes. Entre los principales figuran el Reino Unido, Estados Unidos y Brasil.

"Después tenemos mercados más pequeños, de nicho, pero estamos muy contentos porque nunca nos dejaron de comprar. Estamos muy bien diversificados", destaca Eduardo.

Para abastecer tanto el frente externo como el interno, la bodega está trabajando casi al tope de su capacidad, produciendo unas 50.000 cajas de 12 botellas por año.

Y a futuro, cuando se disipen algunos nubarrones en el horizonte vinculados con la economía doméstica y mundial, el plan de negocios contempla la posibilidad de duplicar la capacidad instalada y llevarla a 100.000 cajas.

Sin embargo, la clave es nunca renunciar a la calidad, tal como queda de manifiesto en una de las máximas de Pulenta Estate y que sintetiza su filosofía: "Hacer un gran vino es un acto de generosidad, siempre considerando a quien lo tomará. Nuestra misión es producir series limitadas de grandes vinos, orgullosamente hechos en Argentina".


Fuente: iProfesional.


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