La variedad Sauvignon Blanc encontró en Nueva Zelanda un terroir especial donde se expresan sus mejores atributos.
Se destaca por su carácter herbáceo y fresco, como signos de identidad de sus viñedos, en Marlborough. No es necesario acercar la nariz a la copa para sentir la explosión aromática, con notas a frutas tropicales y cítricas combinados con un toque mineral.
Los intensos aromas perfuman la boca y su acidez cítrica refrescante lleva a un final largo y persistente, con una textura sedosa.