En 1898 llega a la Argentina el Marchigiano Nicola Catena con su ancestral tradición de conservar los vinos por sus propios taninos, madurados en vasijas de barro. "La Marchigiana" honra el legado de vinos caseros naturales y libres de sulfitos con esta producción muy limitada de Criolla Chica, Bonarda, Chardonnay, Moscatel y Malbec, fermentados y añejados en tinajas de barro donde se gana cuerpo y longevidad a través del contacto prolongado con la piel. Un vino desnudo en el que hablan uva y terroir.
Una vez establecido en Argentina, Nicola abrazó la práctica de fermentar el vino en ollas de barro. Ampliamente difundida en la región cuyana, esta práctica se remonta a la época colonial donde se elaboraba vino de uva criolla en ánforas y botijas.
ENÓLOGO
Alejandro Vigil
PAÍS
Argentina
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