Para dar nacimiento a un vino de excelencia, la vid necesita de un Terroir que desafíe al máximo su potencial. Para dar nacimiento a un jugador de excelencia, se necesita de un Potrero que de joven estimule sus virtudes y forje su talento.
En la Argentina, para muchos, tierras de los confines del mundo, se conjugan ambos conceptos: Terroir y Potrero. Y como si fuera la tierra bendecida por la contradicción, cuánto más pobre sea el Terroir y el Potrero, mejores serán los resultados. Quien pueda destacarse con la pelota en una tierra árida, con desniveles, y charcos de agua, tendrá un juego distinguido que se destacará en los mejores estadios del mundo. Aquella vid que tolera el crudo frío de la noche y el abrasador sol del día, la falta de humedad y la altura de los Andes para sobrevivir, conseguirá que sus frutos maduren de manera excepcional.