La viuda (en francés veuve) Clicquot existió realmente. Se llamaba Nicole Barbe Ponsardin, y en 1805, con sólo 27 años, hubo de hacerse cargo de esta mítica (entonces joven) casa de champagne al fallecer su marido, François Clicquot, a causa de unas fiebres.
En una época en que la tradición pesaba mucho en el mundo del vino, y las mujeres mujeres pintaban más bien nada, la desgracia de los Clicquot parecía apuntar a la desaparición de la bodega. Nada más lejos de la realidad.
El impulso de Nicole Barbe Ponsardin, una auténtica pionera y ejemplo para las mujeres emprendedoras, puso a la empresa familiar en la senda del éxito. Veuve Clicquot controla actualmente algo menos de 400 hectáreas de viñas, fundamentalmente en la Montagne de Reims y la Côte des Blancs.
A pesar de la enorme extensión de la que hablamos, ésta sólo da para cubrir alrededor de un 25% de las necesidades de la bodega, por lo que el resto de la uva necesaria se compra a viticultores con los que la casa tiene contratos de largo plazo.