La historia de Benedictino comenzó en Chile en 2005, cuando el empresario Marcelo Guital, junto con sus socios Iván Rodríguez y Rodrigo Gonzáles, identificaron una oportunidad de mercado extraordinaria. En aquella época, los chilenos consumían apenas 4 litros de agua embotellada per cápita al año, una cifra significativamente menor comparada con los 25 litros que consumían los argentinos y los más de 50 litros de los europeos.
Con un capital inicial de apenas 500 mil dólares, Guital y sus socios lanzaron Benedictino como un agua sin sodio, dirigida a un mercado emergente dominado por marcas bien consolidadas. La estrategia resultó exitosa: obtuvieron el 5% de participación de mercado en su primer año y llegaron al 20% en el tercero. Este crecimiento exponencial llamó la atención de Coca-Cola, que decidió adquirir la marca por más de 5 millones de dólares para incluirla en su cartera de productos.