La década de 1890 vio un auge en el comercio del whisky escocés, y el establecimiento de ésta, la sexta destilería de Dufftown en esa época, por Peter MacKenzie y Richard Stackpole.
Los dos convirtieron un viejo aserradero y, a pesar de algunas discusiones con respecto al suministro de agua de la destilería, se pusieron a producir un whisky tan popular que sobrevivió a la caída del whisky de 1898,
la Ley de Prohibición de los Estados Unidos de 1920, y gracias a Arthur Bell and Sons, la gran depresión de los años treinta, para convertirse en una marca global, conocida por su sabor accesible y equilibrado.