A principios del siglo XIX, mucho antes de la unificación italiana, la particular situación del país transalpino, impulsada por levantamientos populares e inestabilidad política, hizo que las especias fueran difíciles de encontrar en Milán. A pesar del contexto, gracias a su pasión e iniciativa personal, un joven empresario y aspirante a herbolario creó algo único en un pequeño laboratorio. Fue en 1815 cuando Ausano Ramazzotti hizo varios experimentos mezclando ingredientes de todo el mundo, como cáscara de naranjas dulces italianas, genciana, ruibarbo, cúrcuma y romero.
Con el objetivo de crear una bebida aromatizada, adaptada para degustarse a cualquier hora del día, Ausano creó Amaro Ramazzotti, una mezcla armoniosa de 33 especias, hierbas, flores y frutas. La receta se ha mantenido en secreto de generación en generación.